Gregory

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Llevo más de 16 años trabajando como quiropráctico en diversas partes del mundo. Mis experiencias y mi pasión por esta profesión me han llevado hasta aquí, pero este camino no fue tan sencillo. Descubrí esta pasión a los 20 años…

Esto me ha llevado a atender a miles de personas, a entender que hay otros caminos, que la vida puede cambiar, y que ese cambio parte de uno mismo.

Ahora quiero contaros mi historia, porque todo tiene un comienzo, y este fue el mío.

Nací en Nairobi, Kenya en 1975, mis padres son ingleses, y tengo una hermana 2 años menor que yo, Catherine. Cuando tenía 5 años, mi padre cambió de trabajo y nos mudamos a Perth, Australia.

De niño siempre me gustaron los deportes de adrenalina, ciclismo de montaña, el esquí, el windsurf, buceo, etc. Además mis padres me llevaron a muchos sitios y cogí el gusto de viajar. Era un niño inquieto y al practicar tantos deportes y actividades con mis amigos, sufrí muchas caídas y golpes, una vez incluso me desmayé cuando choqué contra una columna, y en otra ocasión me caí de cabeza de una litera.

De pequeño soñaba con ser piloto cuando terminase el colegio como lo fue mi abuelo, pero durante la escuela secundaria, comencé a tener problemas de miopía y me recetaron gafas desvaneciendo con ellas mis sueños de hacerme piloto.

Mi adolescencia no resultó más fácil, comencé a tener migrañas y alergias y llevaba una pulsera que avisaba sobre mi alergia a la penicilina.

La primera vez que tuve contacto con un quiropráctico fue a los 14 años, cuandomis padres me llevaron a uno muy conocido en Perth. Me hizo algo en la espalda que sonó, pero en aquel momento no tenía la menor idea de lo que era, o por qué lo hacía y nadie me explicó lo que estaba pasando, por lo que tampoco tuve mayor interés en volver.

Solo fui aquella vez y la verdad es que no pensé mucho más en el tema por mucho tiempo. Reflexionando sobre ellomás adelante, aprendí que si no estamos bien informados sobre algo, si no nos educan al respecto carecemos de conocimientos suficientes para tomar decisiones conscientes de las consecuencias de nuestros actos.

En Australia es muy típico hacer excursiones al campo en familia o con amigos y hacer acampadas. Durante estas salidas tenía serios problemas de vista nocturna, tropezaba con baches en el suelo y hasta chocaba con las ramas de los árboles.

Además de esto, cuando viajaba tanto en coche como en barco,tenía mareos muy fuertes y vomitaba por el movimiento más pequeño.

Como mi padre desde que era joven tuvo problemas de miopía y mi madre migrañas, supusimos que era “normal” que a mí también me ocurriera. Las únicas soluciones que conocía en aquel momento eran los medicamentos. Tomaba medicamentos para todo, fuertes antiinflamatorios para las migrañas, los de gripe a menudo también.

Llegó el momento de decidir qué profesión quería escoger. Mis amigos optaban por  estudiar derecho, ingeniería, comercial, pero a mí no me llamaban esas carreras.

Al menos tenía claro que quería dedicarme a algo que ayudase a los demás, algo que fuese impactante,que cambiase sus vidas. Pensé en psicología, en enfermería, medicina y al final decidí que la fisioterapia sería lo que más me encajaría.

Comencé mis estudios universitarios en 1993 en la Universidad de Curtin, en Perth. Durante los dos años que cursé la carrera, me encontraba inquieto y escogí asignaturas de más, como sociología, matemáticas o psicología. Atendía clases de ingeniería con mis amigos para ver que estaban aprendiendo. Hice un curso de Shiatsu pero realmente nada de eso me llenaba y seguía sin saber qué hacer.

Tuve una conversación al respecto con mi padre, y me sugirió que estudiara  Quiropráctica. No sabía nada del tema,a que se dedicaba la profesión, ni lo que hacía un Quiropráctico. Cuando empecé a investigar sobre ello, hablaban del sistema nervioso y el control del organismo y me empecé a ilusionar.

“¿Qué mejor manera de ayudar y poder cambiar la vida de una persona que trabajar sobre el sistema que controla todo?” pensé.

Durante las prácticas de fisioterapia en un hospital de neurología en Sidneyme encontré con el caso de un hombre que había sufrido un ictus. Le estaba tratando con una máquina de rehabilitación en la pierna, y sentí que esto no era suficiente.

¿Si su problema estaba en el cerebro, por qué trabajar únicamente con su pierna? Era un trabajo útil pero faltaba algo más profundo.

Es así como en 1995 decidí realizar el cambio y pedí que me aceptaran en la carrera de quiropráctica en la Universidad de Macquarie, Sidney.

El último año de carrera realicé prácticas y el primer caso que tuve fue un buceador de la policía australiana. Tenía muchos dolores lumbares y ciáticas y estaba postulando para que le jubilasen de su profesión. Empecé a ajustarle y al poco tiempo, después de 5 o 6 ajustes, me dijo que no vendría más. El motivo es que estaba mejorando con demasiada velocidad y eso hacía peligrar su pre jubilación.

A pesar de mi motivación original de ayudar a los demás y darles lo mejor que pudiese de mí, aprendí queno todo el mundo quiere ayuda ni quiere mejorar. En el tiempo que trabaje en las clínicas de practicas (como me gustaba, cogi turnos en tres consultas diferentes, para exponerme a cuantas mas personas y casos que pudiese), Comprobé muchas veces que, efectivamente, el poder de ayudar a las demás personas la tenia en mis manos, lo que había buscado. Las personas mejoraban de cosas muy distintas con los cuidados que les dabamos.

A finales del año 2000, completé todos los requisitos para que me diesen el título de Máster en Quiropráctica y comencé a buscar trabajo. Mi afán de viajero hizo que pusiese mis objetivos fuera de Australia.

Tres opciones me interesaron mucho, Irlanda, Malaysia y Perú. Decidí ir a Sudamérica, sin saber español, sin saber lo q realmente allí me encontraría, y sin saber nada de Latinoamérica.

Fui a Lima con mi mochila a trabajar con una empresa que se llamaba Instituto Quiropráctico Internacional. Principalmente trabajaba en una consulta en Lima pero también hacíamos viajes por las provincias para ofrecerles cuidados Quiroprácticos, y así tuve la oportunidad de conocer una gran parte del país.

En uno de estos viajes conocí a un señor que había pasado nueve meses tumbado en una litera y que no podía levantarse por los dolores tan fuertes que tenía. En una semana hubo tantos cambios en él, que entró caminando a la consulta y trajo a toda su familia con él para que les ajustase también. Me quiso regalar un pollo por lo agradecido que se sentía, pero en mi piso de Lima no podría cuidar de él, así que le di las gracias y él se quedó con el pollo y con su sonrisa de felicidad.

Aprendí que con mis manos podría cambiar vidas en formas muy profundas, y como dijo Bj Palmer “nunca sabemos lo que hagamos pensamos o decimos va a afectar la vida de miles de personas mañana”.

En Perú atendíamos a muchas personas, muchas más de lo que había ayudado en Australia. Comprobaba que problemas muy diversos cambiaban con los cuidados quiroprácticos y me llenaba de ilusión de cambiar cuantas más vidas que pudiese. Estaba con tanta ilusión de ayudar a las personas que empuje mi cuerpo al límite para hacerlo. Trabajaba 5 días y medio por semana y a menudo los fines de semana viajaba a las provincias a seguir ajustando personas ahí, las que no tenían muchos recursos. Después de 3 meses, un día me desperté y tenía fiebre, vomitaba, y tenía diarreas fuertes. Mi cuerpo había llegado a sus límites. Aprendí que, aunque mi mirada desde hacia mucho tiempo iba a las demás personas, que primero tengo que cuidarme a mi mismo, si quiero luego ayudar a los demás. No me valia estar mal, porque asi no ayudaba a nadie, sobre todo a mi mismo.

Cuando empecé con mi búsqueda personal, era con la idea de ayudar a las demás personas, y así encontré la quiropráctica. A la misma vez empecé a recibir ajustes quiroprácticos, de compañeros de estudios y también de quiroprácticos titulados. Durante mi época en Perú, ayude a mucha gente y poco a poco me empecé a dar cuenta que muchos de los problemas que había con mi propio cuerpo se habían desaparecido desde que empecé a ajustarme también. Las migrañas que durante todos estos años me habían venido como mínimo una vez al mes y me tumbaban durante varios días ya ocurrían con muy poca frecuencia. Las alergias se habían desaparecido por completo. La miopía ya se había ido y mi vista se recuperó casi por completo. Fui una vez en barco con unos amigos, a hacer pesca deportiva. Había un mar bastante revuelto ese dia y de las 20 personas que fuimos, solo éramos tres quienes no nos mareamos. ¡Y me alucino que yo fui uno de ellos! me había acostumbrado a vivir con todas estas cosas pero aprendi que el cuerpo es milagroso y es capaz de recuperarse de problemas muy fuertes si le damos la oportunidad.

Aparecí en televisión y la radio del país en varias ocasiones, y se me empezó a conocer como el “Doctor de ojos azules”. Me encantaba tener la oportunidad de explicar y compartir mi profesión, y con cuantas mas personas, mejor. Perú es un país que me encanta y al que guardo mucho cariño. Después de un año y medio no obstante, a mediados de 2002 me ofrecieron un puesto de suplente en Bassano del Grappa, en el norte de Italia y decidí mudarme.

Pensé que sería un paso entre Australia y Sudamérica, así que hice mi mochila de nuevo y me fui. Hasta entonces había trabajado con diversas técnicas, tal y como me habían enseñado en la facultad. La idea era que cuanto más cosas le hiciéramos a una persona, más beneficiada se vería y más rápidamente mejoraría de lo que tuviese.Él Quiropráctico con el que trabajé en Italia sin embargo me enseñó que a veces hacer demás no produce mejores efectos, y que cuanto mas preciso podamos ser cuando hacemos cualquier cosa (ejemplo un ajuste quiropráctico) mas potente van a ser sus efectos. Si la persona mejoraba con un ajuste de las cervicales, entonces ¿por qué hacerle cosas demás? Nunca lo había considerado pero empecé a ver cambios mucho más grandes ¨simplemente¨ ajustando.

El lugar me encantó, muy bonito y muy italiano, pero no era el sitio donde quería establecerme. A finales de 2002, después de tres meses trabajandola suplencia terminó, y esta vez marché rumbo a España.

De nuevo no sabía lo que allí me encontraría pero quería conocer el país, buscar oportunidades de aprender y trabajar con otros Quiroprácticos.

Es así como aterricé primero en Barcelona, a la que siguió Mallorca y después un recorrido por el Mediterráneo, pasando por Granada, Madrid, terminando en el País Vasco.

Lo que más destacó para mí es que cada rincón resultaba ser muy diferente y la comunidad Quiropráctica aunque pequeña, me dio la bienvenida y suamistad, fuese donde fuese. Sentí que tenía no solamente una profesión en España, sino una familia de personas quienes compartían mi pasión por esta profesión.

Durante este recorrido por España me enseñaron muchas cosas principalmente acerca de la filosofía de la profesión, y su por qué.

Aprendí que es algo mucho más profundo que tratar problemas de espalda, lesiones o síntomas,  había dado con una profesión que realmente cambiaba de manera profunda a las personas, que ayudaba a que pudiesen sacar lo mejor de sí mismos si lo deseasen.

Varias ciudades llamaron mi atención para establecerme, especialmente Cádiz, Granada, San Sebastián, Salamanca, y Gijón, Pero en esos sitios concretamente no tenía oportunidad de trabajar y aprender con nadie.  Finalmente comencé a trabajar con Solana Chiropractic en Manresa, Cataluña, a principios de 2003.

En esta etapa aprendí cómo trabajar con varias personas en la misma sala, y cómo podía atenderles mejor de esta manera. Dar a cada uno el tiempo necesario y crear un ambiente social educando a varias personas al mismo tiempo.

Esta forma de trabajar quitaba los miedos de las personas nuevas al ver que a otros se hacían cosas parecidas y que les iba tan bien como a ellos.

En una ocasión un señor acudió por la mañana a la consulta con una torticolis muy fuerte. Al mediodía regresó de nuevo con el cuello en la misma postura y me preguntó “¿qué le había hecho??” Entonces puso el cuello recto porque en realidad estaba fingiendo y comenzó a reír de lo feliz que estaba.

Me regaló un paquete de jamón de pata negra y se fue (no sabía nada de jamones en aquel momento pero me impresionó mucho que alguien regalara unas lonchas en hojas de aluminio, por lo que imaginé que debía de ser algo importante).

Aprendí que el valor de un buen ajuste es incalculable, y que no se puede reemplazar con ninguna otra cosa.

Estuve en Manresa durante un año, pero en mi mirada seguía puesta Gijón. Decidí emprender una nueva etapa allí y durante meses viajé entre ambas ciudades, sin gps y sólamente con mapas de papel. Terminé por conocer todas las carreteras entre Manresa y Gijón.

Después de muchos meses de preparación, alquilé un piso en la calle La Merced número 29, y así dio comienzo mi aventura gijonesa el 16 de junio, 2004, día que nació UppertonChiropractic.