Lorena

lore

Mi historia con la quiropráctica empezó como la de la mayoría de vosotros, un poco por casualidad. Tras años con una mala calidad de vida, sin poder desarrollar las tareas habituales de una chica de mi edad (por aquel entonces tenía 23 años) y muchos años de pelea con una escoliosis
dorso – lumbar muy acusada que me producía dolores a todas horas incluso me impedía dormir,una señora en la peluquería me recomendó que fuera a ver a un chico australiano que había en la calle la merced y que era increíble lo que podía hacer con mover tu columna.
Escéptica tras probar miles de cosas llame y llegue a una consulta en la que me hicieron unas cuantas pruebas de las que no entendía nada y me citaron para recoger mi informe y acudir a una explicación del quiropráctico, así lo hice pues no tenía nada que perder, y siempre a pesar de mi estado prefería ver el vaso medio lleno y algo me dijo que la solución a todo lo que arrastraba mi cuerpo estaba en aquella consulta.
La palabra QUIROPRÁCTICA entró en mi vida con mucha fuerza y no sabía hasta que punto cambiaría mi vida y la de la gente que me rodeaba. Comencé ajustándome dos veces por semana y durante los ajustes Gregory no paraba de hablarme del sistema nervioso, de las dos primeras cervicales y de todo lo que un mal funcionamiento de él estaba provocando en mi cuerpo. Ajuste tras ajuste mi cuerpo comenzó a trabajar bien, y yo empecé a dejar de pensar en la curvas de mi columna, al final simplemente tenían una forma diferente pero recubría una parte esencial de mi, el cableado que hace que todo vaya bien o vaya mal y eso era lo realmente importante.
Poco a poco fui interiorizando todo aquello y mi forma de ver mi cuerpo cambió. Tras años escuchando a los traumatólogos decirme que nunca podría hacer deporte, o que imposible que aguantara en tacones o más de 3-4 horas de pie porque mi estructura no me lo permitiría, que si operarme era la única oportunidad que tenía, que medicada cada 8 horas para aguantar el dolor era lo que me quedaba de por vida, (¿de por vida con 23 años?) decidí borrarlo todo, como si vaciara un disco duro, me apunté a un gimnasio, empecé a correr, a poner tacones y a salir a bailar como cualquier chica de mi edad, lo mejor de todo es que cuanto más hacía por mi cuerpo mi cuerpo más me devolvía, cada vez estaba más fuerte y más activa, lo que hacía que también mi humor fuera excelente.
Tal fue mi cambio físico y mental que mi hermana comenzó a llevar a mi sobrina que tenía 6 añitos, la cual fue creciendo (ahora tiene 18) sabiendo la importancia de su sistema nervioso y que cada vez que iba al pediatra a las revisiones les decía que ella estaba muy sana porque se ajustaba y orgullosa se lo contaba a todo el mundo, en el cole, a sus amigos. Por supuesto, mi madre, mi hermano, mi abuela también comenzaron con los cuidados porque decidieron que si era bueno para sus cuerpos por qué no hacerlo, aunque no sean todo lo constantes que deberían ser…siguen contando lo bueno que es acudir a un quiropráctico para que tu cuerpo pueda seguir trabajando bien y ajustándose con cierta regularidad.
Con el tiempo me uní al equipo de trabajo (hace ya varios años)…la quiropráctica había llegado a mi vida para quedarse…para vivir de otra manera, para ser consciente y responsable de mi salud y poder enseñar a otros todo lo que yo aprendí y todo lo que cambie gracias a ella.
El que hoy es mi marido comenzó a ajustarse tan pronto como empezó a salir conmigo pues entendió que algo que yo vivía de es a manera tenía que incluirlo en su vida y aunque él no tenía ningún síntoma comprendió que prevenir era la mejor de las opciones, con él la niña de sus ojos qué ahora con sólo 3 añitos ajusta a todos sus muñecos porque para jugar tienen que estar bien. Tras años en este camino de salud, me fracturé un tobillo por 3 sitios y aunque necesitó su tiempo y algunos pensaron que estaba loca opté por no operarme tal y como la medicina tradicional me recomendaba. Mi decisión fue darle tiempo a mi cuerpo y los nutrientes y ejercicios necesarios para que se recuperara y así ocurrió. Tras casi dos años muy malos mi pie está en perfecto estado, con una movilidad excelente y una funcionalidad óptima. La quiropráctica no sólo cambió mi estado físico sino que también me enseño a escuchar y ser paciente con mi cuerpo…
Ahora casi 12 años después de la primera vez que llamé a la consulta entiendo más a mi cuerpo y este funciona a un nivel inimaginable en aquel entonces. Hoy en día no me imagino vivir sin un quiropráctico cercano a nosotros para que cuide de mi sistema nervioso y del de mi familia.